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Hace aproximadamente dos años tenía sobrepeso, hábitos cuestionables de alimentación y cero motivación para empezar nada. Me veía mal, no me quería mucho, la verdad. Tenía kilos de sobra, y según el análisis del gimnasio al que me apunté, mi cuerpo era como el de una señora de 52 años. Ahí es nada.

¿Cómo podía mejorar esa situación? ¿Dónde buscar la motivación?

Un día leí por ahí que si hubiese un apocalipsis zombie, el 90% de la población moriría porque está en baja forma. Al principio me hizo reir. Claro, sí, todos tenemos problemas de peso, baja forma física, etc. Es lo normal, ¿no? Después de darle muchas vueltas me di cuenta de que no, no es normal… y todos podemos incorporar cosas para deshacernos de esos kilos de más.

Así que lo que empezó como una tontería me sirvió de empujón hacía una vida más saludable. Me puse en campaña a perder peso, pero no a dieta. Esto es importante. Las dietas, a la larga, no funcionan. Me di cuenta de que lo más importante es la mentalidad.

Mi planteamiento fue cambiar cosas e incorporar hábitos que se quedaran para siempre conmigo, no como un sprint para bajar kilos para la boda de Fulanita. Quiero ser la mejor versión de mí misma, y eso implica que tendría que poder ser capaz de sobrevivir a un apocalipsis zombie.

Aquí te propongo las acciones que yo he encontrado más efectivas:

Hidratos de carbono, poquitos y buenos. Repite conmigo: hidratos de carbono, los justos. Esto quiere decir que si quieres perder peso tienes que limitar el consumo de hidratos de carbono, sobre todo los hidratos simples (el pan y la pasta). No digo que no comas nunca, pero un plato de pasta tres veces a la semana no estaría dentro de “los justos”.

El pan y la pasta, además de tener poca densidad nutricional (no te alimenta, solo te llena) se transforman en azúcares en tu cuerpo. Éstos, si no los usas, van a parar a los depósitos de grasa de tu cuerpo.

Las frutas y las verduras también son hidratos, pero complejos. Por eso, si tienes antojo de comer hidratos, elige siempre los complejos. Las verduras son tus amigas.

Di NO al azúcar. En realidad esta es una recomendación que ya está contenida en la primera. Los hidratos de carbono son azúcar. O por lo menos, en tu cuerpo lo son. Pero este punto va más dirigido a que tomes conciencia de la cantidad de azúcar que incorporas en tu dieta.

Si tomas una cocacola al día, por ejemplo, estás tomando unos 6 o 7 terrones de azúcar. Cuando necesitaba vencer mi adicción a las burbujas de la felicidad siempre me imaginaba abriendo la boca y vertiendo los terrones en mi boca, así a saco. El asco que me daba (me da) hacía que se me pasaran las ganas de cocacola por un rato.

Galletas, alimentos procesados, refrescos, todo es azúcar puro. Veneno pa tu piel. En realidad los alimentos procesados son azúcar más grasa más sal, lo que llaman alimentos de alta palatabilidad. Al recibir esta combinación, los receptores del placer de tu cerebro se activan, por eso no puedes comer sólo una patata frita. La adicción, nuestra gran enemiga.

Si eres muy adicto al azúcar, empieza poco a poco y por lo fácil. Por ejemplo, si le pones dos cucharadas de azúcar al café, prueba poniéndole una, así hasta que lo puedas tomar sin. Verás que de forma paulatina, tu paladar va a ir descubriendo y destapando sabores que te van a flipar. Luego cuando comas una Oreo, te va a saber demasiado dulce y artificial (porque lo es).

Muévete todo lo que puedas. Esta es una condición indispensable para perder peso. Tampoco estoy diciendo que te apuntes a Crossfit mañana.

Lo que queremos es que haya hábitos que lleguen para quedarse, por eso es mejor que vayas incorporando el movimiento poco a poco, más si eres una persona muy sedentaria. Puedes empezar por subir a pie las escaleras que vayas encontrando en tu día. Es un cambio pequeño, pero ¡ya verás qué bien te sientes cuando estés arriba!

La idea es ir aplicando cada vez lo que yo llamo “momentos Rocky”. ¿Te acuerdas de Rocky subiendo por las escaleras de aquel monumento en Philadelphia? Cuando empecé a incorporar el movimiento en mi vida, subía las escaleras hasta mi trabajo, 10 plantas. Te puedes imaginar que al principio paraba en la planta 3 y en la 6 antes de llegar. A veces más. La cuestión es que me imaginaba como Rocky, subiendo las escaleras como en un entrenamiento, hasta me ponía la canción en mi cabeza. Esta técnica es muy efectiva, y vale para caminar, para llevar la compra hasta tu casa, lo que se te ocurra que implique movimiento.

Al final, lo que importa realmente a la hora de perder peso es que estés concienciado de que tener kilos de más no es bueno para ti y quieras provocar ese cambio en tus hábitos, que se traducirá en un cambio en tu cuerpo.

¡Prepárate para el apocalipsis zombie!