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Después de leer mucho sobre crecimiento personal, una llega a la conclusión de que necesita una rutina matinal. – ¿Y eso por qué? – dirás con toda la razón- ¿No puedo lanzarme desde la cama, vestirme e ir al curro? Puedes, pero estarás desaprovechando el poder de las horas más productivas de tu día, las dos horas siguientes a cuando te levantas.

Yo solía despertarme con el tiempo justo, me ponía lo que fuera y me iba a trabajar. Me pasaba ya cuando iba a la facultad. Llegaba atontada, cogía algún apunte, y me pasaba la mañana dormitando en el pupitre. Había días que me miraba en el espejo de la uni y me veía con un pantalón que no pegaba con la camiseta, el pelo alborotado, los ojos cansados y las ganas por el suelo.

En el intento de sentirme más motivada y focalizada por las mañanas, me puse a investigar sobre las rutinas matinales y me encantó saber que ya los estoicos las practicaban. Después de ellos, también han trascendido las rutinas de grandes escritores, políticos y pensadores de todas las épocas. Si le funciona a tanta gente, ¿por qué no me iba a funcionar a mi?

Una rutina matutina es la serie de acciones o actividades que realizas cada mañana con el propósito de empezar el día con toda la energía, mantener el foco y conocerte un poco mejor. No hay una rutina que funcione para todos, lo bueno de esto es que cada uno se hace la suya dependiendo de qué cosas te interesa mejorar o a qué quieres dedicarle más tiempo. Implica tener un grado de disciplina alto, porque no vale hacerlo un día y otro no, o tres veces por semana. Para sacarle el jugo hay que hacerlo todos los días.

Mi rutina ha ido cambiando con el tiempo, a veces hago una cosa primero, luego la otra, pero estos son mis puntales:

Escribir
Me encanta escribir pero siempre me ha dado respeto, no me animaba. Tener una rutina matinal me ha servido de excusa para retomar la escritura. Recuerdo el primer día que decidí que iba a escribir todas las mañanas. Fui a diferentes tiendas a buscar un cuaderno especial, que tuviese hojas lisas, páginas gruesas pero en su justa medida, la tapa tenía que ser de papel madera, el olor, a libreta nueva. ¡Qué sensación empezar el cuaderno por primera vez! La misma emoción que al estrenar material escolar el primer día de colegio.

Al principio sólo escribía eventos que me habían pasado el día anterior, como un diario adolescente. Poco a poco eso ha ido mutando en un diario de pensamientos, sensaciones, también hechos, esquemas… de todo. La verdad es que al principio lo hacía por obligación autoimpuesta pero ahora me encanta.

Meditación
Ah, ¡la meditación! Ese hábito que nos dicen que hay que practicar pero al que nos resistimos tanto. Yo he retomado y dejado la meditación varias veces en los dos años que llevo practicando. Es muy difícil decirle a tu cabeza que pare, pero es peor no hacerlo. Decía Séneca “sufrimos más en la imaginación que en la realidad”. Y es que el 70% de los pensamientos que tenemos son cosas que no van a suceder. Toda esa energía ahí desaprovechada. Imagina si pudiésemos estar presentes de verdad en donde toca, ¿no sería genial? Por eso intento educar mi mente y practico todos los días 20 minutos con una app, que es más fácil.

Creatividad

De pequeños todos somos muy creativos, luego viene la educación, la vergüenza y el qué dirán y vamos perdiendo ese maravilloso poder que es la creatividad. A mi nunca se me dio bien el dibujo, pero escribía cuentos desde pequeña, me encantaba cantar y bailar, y lo hacía todo sin vergüenza.

Mi abuela siempre contaba que una vez, teniendo yo cuatro años, me llevó a las fiestas del pueblo y la gente me hacía corrillo dando palmas, mientras yo cantaba y bailaba en el centro. Me imagino la escena: yo como una pequeña faraona moviendo las manos y cantando, como en las películas de Marisol que tanto me gustaban.

Esa niña mutó en una persona extrovertida, pero poco dada a expresiones creativas, me hice adulta pensando que no tenía nada que ofrecer en ese aspecto.

Por suerte hace un año me empezó a picar la curiosidad con la música. Aprender a tocar un instrumento está siendo una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, y si bien nunca seré pianista profesional, comprender cómo funciona la música y ser capaz de interpretar alguna pieza me da ese impulso creativo que mi vida no tenía.

Ejercicio

Por lo general hago unas diez flexiones para activar un poquito el cuerpo. Después de esto ya me siento en paz conmigo misma y me pongo en marcha para el mundo exterior.

Con esta serie de actividades empiezo el día con más alegría, estoy más focalizada que antes y me siento más fuerte física y mentalmente. Salgo de casa dispuesta a comerme el mundo. Aunque parezca que se necesita mucho tiempo, en total uso una hora y media, por lo que tampoco te tienes que levantar super temprano.

Esa hora y media es una inversión de tiempo en mí. Cuando el día empieza para muchas personas, yo ya le he metido mano a algunos asuntos que para mí son importantes, lo que me hace sentir muy eficiente y poderosa.

Desde que implementé el hacer algo todos los días por mi bienestar estoy más calmada y más focalizada. También he aprendido que el tiempo es muy valioso y pierdo menos tiempo en redes sociales o noticias que no aportan nada.

Eso sí, los resultados no son inmediatos, hay que empezar con fe y tener paciencia y poco a poco llegan, en menos tiempo del que te imaginas.