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Llevo dos años pensando que se me ha adelantado la crisis de los 40. Hasta el momento en que comencé a cuestionarme cosas, había vivido mi vida con inercia y despreocupación, sin un propósito, una meta o una filosofía. Un día, después de mi desengaño laboral más grande, me di cuenta de que estaba desperdiciando el tiempo. Si no sabía ni para donde tirar, ¿cómo lo iba a aprovechar?

Como ávida lectora que soy, empecé a leer sobre crecimiento personal y llegué al blog de Marcos Vázquez, Fitness Revolucionario. Marcos escribe sobre fitness, nutrición, evolución y mentalidad con una base espartana. Gracias a sus artículos cambié mi cuerpo y mi mentalidad; he pasado de ser una completa vaga a ser una espartana convencida.

Los espartanos son conocidos por su disciplina, fortaleza y sabiduría. Fueron una de las sociedades más desarrolladas de la Antigua Grecia. Sobre todo fueron visionarios en el modo en que la mujer se integraba en la sociedad: los hombres y las mujeres entrenaban por igual, de los 7 a los 20 años. Podían tener propiedades y llegar a ser tan poderosas como cualquier hombre o más, ya que ellas eran las que darían a luz a los futuros guerreros.

Los espartanos están muy ligados a la filosofía estoica. Séneca, Marco Aurelio o Epícteto son los padres del Estoicismo, cuyo lema a grandes rasgos es “Sustine et abstine” (aguanta y renuncia), lo que vendría a ser para nosotros un “lo que no te mata, te hace más fuerte”. Que te jodas un poco, vamos.

Leído a la primera puede no parecer muy atractivo. ¿Por qué practicar algo que te invita a que aguantes la incomodidad? Pues porque sin incomodidad no hay crecimiento. Si siempre estamos en la misma situación, sin exponernos a nada nuevo, ¿cómo vamos a crecer?

Vencer los miedos es una de las máximas del estoicismo. Exponernos a lo que nos atemoriza nos hace ser mejores, nos anima a buscar nuestros propios límites. Según el estoicismo, sólo así podrás lograr tus objetivos.

Llevada por el entusiasmo estoico, paulatinamente fui metiendo en mi día a día elementos incómodos con el objetivo de hacerme más fuerte física y psicológicamente. Entre mis rutinas espartanas están las siguientes:

  • Muchos días subo a mi oficina por las escaleras. Está en el piso más alto del edificio, el décimo. Poco a poco, mis sermones están haciendo mella en la gente, ¡algunos compañeros también lo hacen!

 

  • Un día a la semana o a veces más, hago ayunos intermitentes. Hay un montón de ciencia que lo respalda. La idea es que nuestro cuerpo no está hecho para comer 5 veces al día. Creando un poco de incomodidad estás poniendo en marcha mecanismos necesarios de limpieza celular.

 

  • También practico la frugalidad. Gastar dinero porque sí ya no entra en mis planes. Comprar por comprar, no gracias. Intento planificar los gastos, viviendo una vida buena pero sin gastos innecesarios.

 

  • La disciplina diaria es muy importante, me levanto a diario temprano para tocar el piano y meditar antes de ir al trabajo. Aunque no me apetezca, lo hago.

Mi novia a veces piensa que me creo todo lo que leo, y es que me encanta experimentar las cosas que leo en mis carnes. Si me funcionan, si me hacen sentir mejor, las incorporo a mi vida. Y es que desde que sigo estos preceptos tengo la sensación de que he crecido más que en los diez años anteriores.

Crear hábitos y mantenerlos es mucho más fácil desde que he asumido que la responsabilidad de mi salud y bienestar es mía.

La comodidad extrema en la que estamos inmersos nos juega en contra. La vida se alarga, pero al precio de vivir en la enfermedad y la incapacidad muchos años hasta que morimos.

La idea del espartano era “morir joven pero con cuantos más años mejor”, o sea, que te mueras vieja pero con todas las funcionalidades de una persona joven. ¿Cuál de los dos quieres ser? Yo lo tengo claro.